ritmo frenético

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Cientos de canales de televisión, equipos de home cinema, pantallas de plasma, Internet, descargas de música y cine, ordenadores personales, libros, comics, salas de cine, teatros, museos, parques temáticos, vuelos baratos, zonas verdes, carriles para bicicletas, parques, gimnasios… Hoy en día, la oferta de actividades de ocio es amplísima y se ajusta al gusto y a las necesidades de todos, pero, ¿disponemos realmente de tiempo suficiente para disfrutar de toda esta variada oferta?

Si retrocedemos en el tiempo y nos fijamos en las horas de trabajo remuneradas y las horas de ocio pagado que había a comienzos del siglo XIX y lo comparamos con las cifras actuales, lo primero que observamos es que nuestra calidad de vida ha ido a mejor año tras año. A principios del XIX, la jornada laboral era de 14 horas diarias, los siete días de la semana; y las horas de ocio pagadas, eran sólo 2. En la actualidad, son 8 las horas de trabajo remunerado y además, descansamos los fines de semana. En cuanto a las horas de ocio pagadas, son 8 y disponemos de un mes de vacaciones. En definitiva, se ha producido un notable decrecimiento del número de horas de trabajo remunerado y ha aumentado el tiempo de ocio pagado. Este cambio ha propiciado el surgimiento del llamado tiempo libre, y la consecuente aparición de entretenimientos para ocupar estos ratos muertos. Empezamos con los paseos, las plazas y las zonas peatonales. Más adelante fuimos al cine o al teatro, y también a conciertos y bailes. Poco a poco fueron incorporándose a nuestras calles los centros comerciales y los centros de ocio y entretenimiento. No sólo las calles cambiaban, también en nuestras casas hubo novedades. Primero fue la radio, luego la televisión y un poco más adelante, los ordenadores personales, las pantallas de plasma, los equipos de home cinema, etc. Todos estos espacios y artilugios se incorporaron a nuestro quehacer cotidiano a una velocidad sorprendente.

Visto así, parece que la evolución haya sido totalmente beneficiosa para las familias, pero la realidad no es esta porque a estos cambios en los horarios, hay que añadirles también otros cambios de tipo social y sobre todo, económico. Desde mediados del siglo XX, las horas de trabajo remunerado son 8 pero entonces en la mayoría de hogares sólo trabajaba una persona, el padre. Madre e hijos tenían, a lo mejor, otras ocupaciones, pero la primordial era cumplir con las tareas del hogar, el trabajo no remunerado. Las familias subsistían con un único sueldo. Hoy, la jornada laboral sigue siendo de 8 horas, pero ya no basta con el sueldo de uno para subsistir. Hoy padre y madre madrugan, llevan a sus hijos a la escuela, van al trabajo y malcomen fuera de casa. Por la tarde, siguen trabajando hasta las seis o las siete. Un canguro se encarga de recoger a los niños del colegio, darles la merienda y entretenerlos hasta la hora de la ducha. A esa hora los padres llegan a casa y, por lo general, bastante cansados. Pero el trabajo no se acaba aquí. Además de las 8 horas remuneradas, que según como se mire son 16, también hay que dedicar unas cuantas a pasar por el supermercado, preparar una cena sana y equilibrada, recoger y limpiar el hogar, duchar a los niños y finalmente, reposar. Quizás esta última es la tarea que más cuesta administrar. Y es que con esta larga jornada y este ritmo de vida se hace difícil encontrar momentos de calma que inviten a uno a gozar de toda esta oferta de entretenimiento que no hace más que crecer y personalizarse para seducir a la sociedad entera.

Cifras como las que mostrábamos al comienzo de este post nos venden la idea de que cada vez se trabaja menos, pero en realidad estamos trabajando más. Ya no son 8 sino 16 las horas diarias de trabajo remunerado necesarias para subsistir en familia. ¿Qué posibilidades tiene una persona con este ritmo de vida de disfrutar de la amplísima y creciente oferta cultural de su ciudad? Prácticamente ninguna. Aquí en Barcelona, por ejemplo, quienes en realidad gozan de la oferta de actividades de ocio y entretenimiento son los turistas. De hecho, esta amplia oferta está pensada y diseñada para ellos. No ocurre lo mismo en el norte de Europa, donde a las 5 de la tarde las ciudades ya reposan por el bien de sus ciudadanos. Deberíamos seguir su ejemplo.

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